No me detendré

No me detendré

A ellos, por obligarme a enfrentar mis propios miedos.

A todos ellos, que pensaron que la juventud está reñida con la responsabilidad. Que la experiencia es cuestión de años.

Ellos, que no creyeron en mi a pesar de merecerlo. Quien abusó de mi esfuerzo e ilusión. Quien me miró fijamente y dijo que no estaba preparada. Quien creía que me estaba protegiendo.

Ellos, los me robaron horas y semanas. Noches y mañanas.

Incluso lagrimas. Muchas.

Leedme. Por un momento os creí. Y entonces dejé de creer en mi. Me cuestioné cada una de las decisiones que tomaba y las palabras que pronunciaba. Todo perdió sentido.

Alguien me recordó que la edad se lleva escrita en la piel. Son las experiencias vividas las que dejan marca. En el corazón, en la memoria y claro, en la piel. Que hay años vacíos y minutos que rebosan.

A vosotros, por recordarme quien soy. Por hacerme más fuerte y más valiente. A no detenerme. A no esconder monstruos en el armario, simplemente, echarlos a patadas.

Leedme bien, no me detendréis.

S.

Nuevo año, nuevos propósitos

Aprovechando los días libres que el trabajo me ha permitido disfrutar, os dejo una pequeña reflexión en estos nostálgicos días.

Como cada final de año repasamos uno por uno los momentos vividos, juzgamos los que consideramos errores cometidos, buenas decisiones y mejoras para el próximo año. Hacemos una lista de todo aquello que por muchas razones (algunas comprensibles y para otras, ya buscamos las suficientes excusas) no hemos podido realizar este año en curso o nos quedan pendientes. Todo ello, mientras nos repetimos: “Este año, sí”.

Taza de café en mano, hoja en blanco y lápiz preparado. Empieza mi año. Como cada 1 de Enero tenemos una nueva oportunidad. 365 días para hacer las cosas distintas, viajar a aquél lugar que siempre deseamos, aprender nuevos idiomas, salir más con los amigos, dejar de fumar, casarse, formar una familia, cambiar de trabajo, apuntarse al gimnasio (un típico tópico), acabar la carrera, comprarse esos zapatos de los que nos enamoramos, encontrar el amor… ¿Qué pediríais a la ‘carte blanche’ de propósitos? Pensadlo durante 2 minutos.

Yo sé que pediría…

Tenía preparada una lista típica de necesidades para este próximo 2018. Subida de sueldo, apartamento en la montaña, una boda preciosa, viajar y disfrutar de mil comilonas en buenos restaurantes (y podría seguir con la lista de deseos). No obstante, todo eso se ha desvanecido. Me he tumbado en el sofá junto a mi futuro marido. Dejando las zapatillas de pelo, que parecen mudar por toda la casa…tapada con una manta suave que Lola aprovecha para morder. En la tele, la típica película navideña que rellena la escena y ayuda a los más dormilones a echar esa cabezadita antes de continuar con el resto de día.

“- Cariño, ¿y tú, que pedirías para este 2018? – Le pregunté”

“- Un apartamento en la montaña – Responde él”

” – ¿Y si no fuese material? – Vuelvo a preguntar”

“- Sentirme bien – Dice él riendo”

“- ¿Qué significa sentirte bien – Le respondo”

“- No me dejas dormir la siesta – repite riéndose.” Si te refieres a lo típico, no quiero cambiar nada, ni para bien ni para mal… Bueno, quizás ser menos gruñón”.

Le miré y sonreí.

Quizás, es cuestión de perspectiva o quizás la siesta no es momento para conversaciones trascendentales. Pero volviendo a mi reflexión, he empezado pensando de forma egoísta y material en todo lo que pediría para este nuevo año. La realidad, finalmente, se impone. Seamos realistas, prácticos y convirtamos nuestros propósitos en hábitos. Y Debemos comprometernos y coleccionar las metas conseguidas. Para conseguir todas esas cosas materiales se necesita algo más…

Debemos aspirar a más, siempre a más. No nos conformemos. ¿Y porqué no? ¿Acaso no lo merecemos? Nos hemos ganado el derecho a querer un futuro mejor. Pedid, pedid más. Soñar a lo grande, que para los recortes siempre estamos a tiempo. Estos llegarán con la operación bikini, los políticos, las buenas decisiones que tomaréis, las vacaciones deseadas VS las que finalmente viviréis, los regalos navideños y por últimos nuestro repaso a la lista de propósitos realizados del 2018.

Es el momento de ser una mejor versión de nosotros mismos. Ser más honestos, más justos, menos egoístas y menos rencorosos. Querer más y sobretodo mejor. Más a uno mismo y mejor a los demás. Disfrutemos de cada instante, único. Jamás se repetirá. Compartamos risas, llantos, enseñemos y aprendamos de todos aquellos errores del pasado. Llenémonos de paciencia, valentía y afrontemos este nuevo año como una aventura y como un regalo. Todos sabemos como empezará pero nunca, como terminará. Quienes marcharán y quienes permanecerán. Pero siempre, siempre, nos quedará el recuerdo de como nos hicieron sentir. Luchemos por conseguir aquello que nos haga feliz, sea material, físico o espiritual. Pero por favor, siempre respetemos, ayudemos y apreciemos al resto. El mundo ya está lleno de personas tóxicas, ególatras y sin empatía.

Yo, sin duda alguna, pido tener la oportunidad de hacer mi lista de buenos propósitos 2019, rodeada de mis seres queridos (los que la vida permita) y orgullosa de como les hice sentir. Con una Sheila más paciente con el valor de aceptar los errores cometidos. Que a lo largo de este próximo año, estoy segura, cometeré. Y como un día me dijo un compañero de reflexiones, “permítete disfrutar de todo aquello que sume a tu vida hasta el momento en el que empiece a restar”. 

Y vosotros, ¿que queréis ser en 2018?

S.

 

¿Gran Profesional, mejor persona?

A lo largo de nuestra carrera laboral tenemos la oportunidad de conocer a distintos profesionales. Responsables y compañeros que desempeñan diversas funciones en nuestro entorno y a los que podemos observar desde la lejanía o cercanía, en muchos casos (ya sabéis que las opiniones son variopintas y que pueden cambiar cuando uno entra en el círculo y vive en sus propias carnes los vicios o virtudes que ahondan en la profundidad de nuestro ser).

Muchas de esas personas tienen o han llegado a tener posiciones relevantes, con poder y consideradas exitosas. ¿Realmente consideramos que todas esas personas son grandes profesionales? ¿De qué depende ser un buen profesional?

La definición básica de profesionalidad nos indica que es una característica que valora la capacidad de desempeño de un trabajo de forma aplicada, con seriedad, eficientemente y con honradez. Es decir, entran en juego valores éticos y no podemos olvidar que en muchas de esas posiciones ejecutivas o simplemente con cierto grado de responsabilidad se trabaja con personas.

Y es para mi, el dato más relevante de todos. Las personas poseemos características que en un conjunto se acaban acercando más a la bondad o a la maldad. Grandes ejecutivos que desempeñan con excelencia su función pero que poseen un grado nulo de empatía, que estrujan a su equipo como si de una esponja se tratase sin importar sus sentimientos, lo duro que haya podido resultar conseguir su objetivo y cuales sean sus preocupaciones o propósitos.

Lo que sí está claro, es que para llegar a ser un buen profesional hay una serie de rasgos más allá de los propuestos por la RAE que son comunes entre los grandes profesionales. ¿Quién no ha pensado alguna vez en aquél responsable gritón, maleducado, egoísta y obcecado en resultados y ha dudado por un segundo si merecía aquella responsabilidad? Por otro lado, ¿Quién no ha pensado en aquél compañero o responsable honesto pero educado, con tacto, justo y que puede empatizar y no ha dudado de su valía?

Por muy alta que sea la posición en la escala de posibles y por muy poderoso que sea, nadie recordará a ese egocéntrico y egoísta profesional que hará todo lo posible, pisoteando al resto, para conseguir todo lo que se proponga. De otro modo, sí recordaremos a esas personas que tendieron una mano, que supieron entender y valorar el esfuerzo, que se mojaron y se embarraron cuando todos lo hacían. Que nunca miró por encima del hombro, si no que siempre trató como sus iguales a aquellos con los que – quizás algún día – compartió más que una reunión. Quizás compartió noches en vela, finalizando presentaciones, cálculos, programando y que juntos, deseaban algún día llegar a ser ese gran profesional.

S.

Mi taza de café está llena de ideas…

¿Y porqué mi café descafeinado? ¿Es un blog sobre cafés?

Hola a todos, soy Sheila. Es la primera entrada del blog y quería aprovechar y explicar algunos de los porqués de este espacio. El título ya dice mucho… primero, que me encanta el café.

Hace tiempo que doy vueltas sobre la apertura de un blog, pero como todos sabéis ahora está de moda, por lo que no es ninguna novedad. Quizás de ahí lo de “descafeinado” ya que resulta poco genuino o auténtico.  A pesar de que es otro blog como miles, es mío.

Es mi taza de café, esa que a primera hora de la mañana resucita a un muerto y es capaz de lograr que te duches, te vistas y salgas por la puerta de casa a por un largo día. Esa taza que acompaña una buena conversación, una noche de invierno o un buen libro.

Y en esta taza de café hay miles de ideas, muchas ganas de contar, de compartir, un poquito de azúcar y canela… y una chocolatina que acompaña! Quiero que me acompañéis en esta nueva aventura y que la disfrutéis tanto como lo haré yo. A pesar de que pueda ser un auténtico fracaso, para mi siempre será un éxito el haber sido capaz de  expresar todo lo que la voz muchas veces no permite.

A propósito, a los que no les guste el café, os prometo que no utilizaré el café para crear todos mis post. Simplemente, me resultó una buena metáfora para describir lo que esto puede llegar a ser para mi.

¿Y quién soy yo?

Quedaos y podréis descubrirlo en los siguientes posts…

S.