Capítulo 1: El big bang P.II

El lugar escogido fue un bonito restaurante en el Puerto de Barcelona. Las calles estaban heladas y el olor que provenía del interior estaba viciado pero incitaba a entrar. Una vez dentro, nos acercamos a una mesa donde Javier me presentó a distintos colegas de profesión.

–      Natalia, te presento a Carlota. Hace relativamente poco tiempo que trabaja en el periódico y supongo no habrás tenido el placer de conocer. – Dijo Javier con su mano en mi espalda

–      Mucho gusto Carlota. – respondió, dulce y sincera, Natalia

–      El placer es mío – Objeté

–      Y ellos son Pablo, Enrique y Adrián. Pablo es el único que no trabaja en nuestro periódico pero Enrique y Adrián son editores de los departamentos de Contenidos digitales y Economía.

–      Tú debes ser Carlota Ferrer, hija de Antonio Ferrer, ¿no? Encantado– Comentó Adrián taquigráficamente y vacilando.

Poco después me tendió la mano y me miró fijamente a los ojos

–      ¿Economista? – Pregunté curiosa

–      Al menos se sumar y restar, eso se me da bien. – Rebatió Adrián

De fondo un par de carcajadas resonaron. Adrián continuaba observándome fijamente mientras sonreía.

Apareció en mi vida como una chispa encendiendo un motor de combustión. Dio tanto calor que acabo provocando una explosión en muchas facetas de mi vida. Inexperta pero muy segura de mi misma me aventuré a comprobar lo que significaba vivir un Big Bang emocional.

Adrián tiene una de esas sonrisas universales que a toda mujer vuelven loca, una de esas que comienza por la comisura y poco a poco te obliga a prestar atención. Sus ojos, de una profundidad infinita, encajaban perfectamente con el canon de belleza que mi cabeza había dibujado durante muchos años. Sus manos, fuertes y seguras, capaces de sujetarte contra una pared durante horas.

Paul Ekman, psicólogo y pionero en el estudio de las emociones, identificó 18 tipos de sonrisas basados en las posibles combinaciones de 15 músculos faciales. Cuando respondió, sonreí de forma genuina y espontánea.

Esta sonrisa es considerada como la sonrisa de Duchenne (transmitiendo una alegría espontánea que llenaba el lugar dónde nos conocimos). Atenta a sus movimientos y a su boca – carnosa y rosada – me di cuenta de que se percató de esa sonrisa acompañada de una mirada fulminante. Los seres humanos tenemos un abanico emocional-facial pero sin saber por qué yo elegí esa forma de expresión con él.

Continuamos conversando y debatiendo sobre política, nuevos medios de comunicación, deportes e incluso de astronomía. Sin más preámbulos y sin prestarnos más atención de la debida el uno al otro pero concentrados en ese punto, como si de un punto de luz ínfimo en un infinito de oscuridad se tratase. Sólo ese momento brillaba, lo demás había desaparecido. Sin embargo, muestras rodillas habían coincidido en un par de ocasiones, como si de una mera situación aleatoria se tratase.

s.

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